viernes, 20 de febrero de 2009

Este ya es nuestro -masculló Bont, recuperando el aliento- está herido.

Los tres se quedaron ahí, en posiciones agresivas, esperando a que el otro tomara la iniciativa y atacara. Bont puntaba a uno y a otro sucesibamente con su "paraguas". Entonces escuchó a Jack Andonni, el mayor, acercarse por detrás, y se giró instintivamente para apuntarle.

Martin y Bont aprovecharon para atacar los dos a la vez. Ozelot saltó para esquicar a Martin, y los sables de Bont los paró con un golpe del paraguas. Uno de ellos salió volando y fue a parar al tejado de una casa. Entonces fue a pegarle a Jack con el paraguas en las costillas, pero este lo paró con su espada. En ese momento el paraguas se disparó, atravesandole la garganta al mayor de los Cuervos; se separó en muchas piezas metálicas y cayó al suelo.
Jack se desplomó en el suelo produciendo un sonido que era una mezcla de gárgaras y chillidos de cerdo. Las heridas de Ozelot seguían sangrando.
Martin fue a rajarle con su garra, pero Ozelot le agarró la muñeca, se puso detrás de él con un movimiento y lo usó de escudo humano para evitar la espada de Bont, que atravesó a Martin el Alto. Ozelot lanzó el cuerpo de Martin contra Bont y se subió al tejado donde estaba uno de sus sables.
Bont Dermain, con un grito de furia, se deshizo del cuerpo de Martin y subió al tejado de un salto.
Ozelot le esperaba con el otro sable, y le lanzó un ataque que Bont esquivó. El Cuervo hizo un molinillo con la espada y rajó a Ozelot en la cara.

Los movimientos de Ozelot se hicieron torpes a causa de las heridas y, mientras retrocedía poco a poco, Bont le iba ganando terreno, lanzando rápidos ataques que le hiban rajando.
Le acertó en el muslo, en los dos brazos y en el hombro herido. Finalmente, Ozelot tropezó y cayó al suelo desde el tejado.

Has matado a mi gente... -dijo Bont- Muere.
Saltó hacia Ozelot y le clavó un sable en la cabeza, clavandolo en el suelo. Cuando lo extrajo, empezó a salir una gran cantidad de sangre.

Bont se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la taberna, temblando.

Entonces es cuando se empezó a escuchar ese sonido, todabía lo recuerdo claramente: Una risa, una risa floja, que venía de ninguna parte, mezclada con un sonido de engranajes.
Bont se detuvo y miró en todas direcciones, desconcertado. Luego miró a Ozelot.

Ozelot se estaba lebantando, había cogido el sable del suelo.

-¿Qué eres tu? ¡No eres humano! -gritó Bont.

Ozelot le miró con el ojo que le quedaba, el otro atravesado por el arma de Bont.
Y cuando habló, no lo hizo solo con su voz. De su boca muerta salieron las voces de Jack, Martin y Sograt.
-Nuestro nombre es Yum Cimil, témenos.
Empezó a arder, y luego corrió hacia Bont, que intentó escapar de su abrazo, pero Ozelot pudo atraparlo y los dos se fundieron en las llamas, mientras se escuchaban los gritos de Bont, y la risa de Ozelot (o de Yum Cimil)

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