La lluvia se calmó un poco.
-maldito extranjero, suelta todo tu dinero si no quieres que te rajemos entero -dijo Jack Andonni.
El extraño contestó susurrando, de forma que no lo pude escuchar, pero debió de ser una negación, porque Sograt se abalanzó contra él con la espada lebantada.
Entonces, un estruendo ensordecedor. Un grito de dolor.
Sograt se resbaló y se desplomó en el suelo, combulsionando, con un agujero en el pecho.
La lluvia ayudó a la sangre a propagarse rápido por las piedras de la canzada.
Creo que fue del paraguas de ese demonio de donde salió el proyectil. He escuchado historias del continente que hablan de las llamadas "armas de fuego", pero nunca había visto una.
Ozelot empezó a correr por la calle en dirección a la taberna donde estábamos. Los tres restantes persiguiendole. Entonces, cuando llegó a la puerta, giró bruscamente (casi tropieza) y se arrodilló en el suelo. Apuntó con su paraguas al resto de Cuervos, que venían detras.
Otro estruendo. Esta vez sonó más fuerte debido a la cercanía. Los cuervos se lo esperaban, fueron rápidos. Jack y Martin se echaron a un lado; Bont saltó con una agilidad increible al tejado de una casa.
Pero esta vez el paraguas no disparó un unico proyectil, si no que las barillas que lo sujetaban salieron silvando en varias direcciones. A Martin le alcanzaron en una pierna y gritó, no se si fue por el dolor o por la sorpresa. Pero se que, por primera vez en mucho tiempo, mis ojos vieron terror en las caras de esos asesinos. Despues dejó caer el paraguas.
Escuché pasos en el tejado. Se aproximaban. Entendí que era Bont Dermain. Saltó del tejado para caer en Ozelot, pero este abrió el paraguas para protejerse. Bont cayó en el paraguas, tomó inpulso y dio una voltereta hacia atrás para alejarse de Ozelot y preparar un nuevo ataque.
Al mismo tiempo llegó Martin con su garra. Cada cuchilla medía un poco más de medio metro, pero Ozelot las esquivó agachandose. Entonces, con un giro sobre una pierna, dio una patada a Martin con la otra. Cabe recordar que tenía suelas de hierro como herraduras. Tambien tenia una placa de hierro en el brazo derecho. Con ella paró uno de los sables de Bont. El otro le atravesó el ombro. Ozelot, con la mano izquierda, lanzó un puñetazo que Bont esquivó echándose a un lado. Por el impulso del jesto, ozelot perdió el equilibrio y Bont le rajó las costillas con el otro sable. Nuevamente sangre en el suelo, pero ningun grito.
El extraño dio una voltereta en el suelo para alcanzar su paraguas. Martin y Bont se echaron encima de él, triunfantes. Pero a ozelot le dio tiempo a abrir su paraguas y rechazarlos a los dos.
Entonces rapidamente sacó una bara del interior de su túnica gris y cargó con ella el paraguas.
Continuará
miércoles, 18 de febrero de 2009
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